Se está escribiendo y hablando mucho, demasiado quizás, sobre la situación económica actual en la que estamos metidos, o que nos estamos metiendo. Nadie sabe bien. O eso parece. Se escucha de todo y normalmente todo erróneo. Quizás cuando menos, inexacto. Es cierto que el tema es lo suficiente complejo como para que en una sola intervención alguien dibuje el cuadro completo. Hay muchas cosas interrelacionadas. Lo que pasa, y lo que no me gusta, es que los supuestos “expertos” de las tertulias de radio y televisión, son de todo menos expertos. Aunque ese es tema para otro comentario.
En esta España del pendulazo, los mismos que hace menos de un año me decían en mi cara de forma vehemente, que la vivienda nunca bajaría porque eso no puede ser (observad el gran sustento intelectual de la cuestión) son los mismos que ahora dicen que esta crisis es la más grave de la historia. Vaya vaya, en qué quedamos.
Vaya por delante que yo no tengo bola de cristal, como si parece que la tienen otros, y que creo que hay dos tipos de personas: Las que no saben predecir el futuro, y las que no saben que no saben predecir el futuro. Yo estoy en el primer grupo, por eso lo que intento explicar es que esto que sucede ahora es normal y que se puede hacer algo para aliviar el trayecto, pero nunca adivinar que va a pasar. Sé que esto no está bien visto y que alguien que se precie debe hacer futurología predictiva ante sus conocidos para ser merecedor de su confianza. Yo, como digo, no se hacer predicciones, pero si quiero que el carro avance, sé que he de empujar hacia delante. Para donde se mueva al final, no lo puedo saber con certeza.
Tambien debo aclarar que son muchas las variables que influyen en la situación económica a corto plazo y que explicarlas y/o analizarlas todas sería muy largo y tedioso, por lo que restrinjo el análisis a las que creo más significativas. No por ello pretendo dejar de ser riguroso.
La economía sufre fluctuaciones en el tiempo. Fluctuaciones a las que se han dado en llamar ciclos económicos. Es una expresión no muy afortunada porque induce a pensar que algo que es cíclico es predecible y se puede acotar su duración. Hay dos características básicas de estas fluctuaciones:
1) No son predecibles.
2) Todas las variables suelen moverse al unísono. Normalmente si baja el PIB (o cualquie otra) las demás también le acompañan en las variaciones.
La primera cuestión es aclarar si hay crisis o no. Muchos se niegan a llamarla crisis porque no está bien definido lo que esto es. Y es conveniente que lo esté porque debemos saber qué es, para saber cuando estaremos saliendo de ella. La definición es importante. Decía hace un tiempo que no había crisis y que lo que sí había era mucho catastrofismo. Y creo que tenía razón. Ahora las magnitudes económicas han cambiado pero el catastrofismo no. Y creo que eso es malo. La confianza está por los suelos y eso no es bueno. Si la economía va mal nos perjudica a todos así que debemos tener confianza y no cargarnosla, que es lo que se está haciendo. Vamos bien. El catastrofismo nunca es bueno. Nunca. Y por eso hay que dejarlo de lado y ser realista. La confianza es fundamental en una economía. Recuerdo, como ejemplo, que el dinero que tenemos es fiduciario, esto es, que está basado en la confianza porque no está respaldado. Si yo pago con un papel de color azul un salchichón, el vendedor confía en que con ese papel pueda comprar otras cosas porque otras personas también creen que tiene algún valor. Y los indicadores de confianza están por los suelos. Ahí hay cosas por hacer (toque para quién corresponda).
Empiezo diciendo que el modelo que utilizaré es el de la Oferta y Demanda Agregada a Corto Plazo, que parece que funciona bastante bien para estos menesteres.
Vamos a distinguir entre el largo plazo y el corto. A largo plazo la economía tiende a estar bien. Pero claro, para decir que la tempestad pasará y el mar volverá a estar en calma no hace falta ser economista. Esto pasaba hasta más o menos, a principios del XX. Pero era importante que durante las fluctuaciones temporales de la economía, supieramos dar explicaciones a los sucesos y saber qué se podía hacer para mejorarlos. Y ahí estaba Keynes con su Teoría General. Keynes pensaba que había que explicar esas fluctuaciones en el corto plazo porque, decía, a largo plazo, todos muertos. Eso no sirve.
Este es el modelo de Oferta y Demanda Agregadas a Corto Plazo:
Esta figura representa la economía del país. En él hay una curva de Oferta (O), y una de Demanda (D). En el eje de abcisas está representada la producción, que será el PIB y en el de ordenadas el nivel de precios (IPC). Estas curvas tienen la misma pendiente que en el modelo de oferta y demanda de los mercados. Su cruce es el punto de equilibrio y nos da una cantidad (Q1) de producción y un nivel de precios (P1). Imaginemos que estamos ahí, en equilibrio.
¿Qué pasa si los costes de producción aumentan? Esto puede ser debido a muchos factores, entre ellos la subida de los combustibles. Pues que las empresas ofrecerán menos producción. Esto, en el modelo que usaré, el de la Oferta y Demanda Agregadas a Corto Plazo, implica un desplazamiento de la curva de la Oferta Agregada hacia la izquierda. Eso quiere decir que la cantidad de producción bajará por los mayores costes, y pasará de Q1 a Q2 que es menor. A la vez el nivel de precios aumentará, pasa de P1 a P2, y acerca la situación a lo que se llama estanflación: bajo o nulo crecimiento con elevados niveles de precios. Una situación parecida tenemos hoy. Evidentemente la curva de la Demanda también se mueve pero la suponemos fija para no complicar el análisis.
La pregunta es: ¿Que debe hacer el gobierno, en caso de que pueda? Es evidente que la subida del petróleo tiene su importancia, pero también es verdad que la estructura de una economía influye en hacer más liviana la situación. Hoy dependemos menos del petróleo que hace unos decenios, pero seguimos muy atados a él. Y eso en paises como España que es importador no es bueno, como podéis adivinar.
Keynes apostaba por acomodar la curva de la Demanda para que los cambios en la de la Oferta no tuvieran demasiada repercusión. Proponía hacer esto a través del Gasto público en infraestructuras. Otros economistas apuestas por presionar a la curva de la Oferta para que vuelva a “su sitio”. El gobierno actual parece que tiene a Keynes muy presente.
De todas formas diré los factores que pueden mover la curva de la Oferta hacia la derecha y volverla a su sitio, por si les da por este lado.
1) Que baje el paro. Para esto hay que flexibilizar el mercado laboral, que es muy rígido. Por ejemplo (hasta doy ejemplos!! no se quejará el gobierno!!): Permitir a los comerciantes abrir los 7 días de la semana. O al menos permitir que se abran los 6 que quieran.
2) Aumento del Capital. Hay que arreglar ya el tema de la confianza en el mercado interbancario.
3) Avances tecnológicos. Invertir realmente en I+d+i, que vaya tela como nos luce el pelo.
4) Descenso del nivel esperado de precios. Hay que introducir confianza en que los precios bajarán, pero no digo que haya charlatanería, sino medidas creíbles, como por ejemplo (otro ejemplo!!) eliminar las concentraciones de poder en las cadenas de suministro que elevan los precios hasta niveles muy altos.
Todos esto puntos mueven la curva de Oferta hacia la derecha, tendiendo a volver a su sitio.
Que la economía tenga fluctuaciones es normal. Ha pasado siempre y seguirá pasando. Y se arregla sola, pero es bueno que podamos ayudarla y acelerar el arreglo. Los catastrofistas son muy malos, y normalmente son absolutos incultos en materia económica. Hay que dejar el pendulazo, “arremangarse” y tomar medidas, aunque no atraigan votos, pero esto creo que es mucho pedir. En fin, por lo menos lo del pendulazo y el catastrofismo sí que lo podemos dejar de lado.
Si has llegado hasta aquí, te debo una cerveza. A mi amigo Sergio es al único que le debo una del anterior, a ver cuantas debo en este.


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